Cuando Drago llegó a casa, apenas entraba en una mano: dormía, comía y “trabajaba duro” para lograr su dosis diaria de mimos. Al crecer, este cachorro de perro fue cambiando: dormía menos y comía más; pero hoy, a los dos años de edad, su familia observa que a ratos devora sus croquetas, mientras que en otras ocasiones se toma más tiempo para vaciar su plato.